Está decidido: no hay solución
Mientras los grandes partidos estatales luchan entre sí por el poder el debate en Cataluña sobre seguir o no integrados en el proyecto unionista español toma un cariz irreversible: ya no se habla de sentimiento conjuntamente catalán y español sino únicamente
catalán… ya no se habla de tener una autonomía sino de independizarse definitivamente con una vocación de progreso, modernidad de cara a la Unión Europea. Este mismo sentimiento se traslada a otros territorios que con parecidas características se mantienen expectantes de los acontecimientos políticos acaecidos en Cataluña y que como si se tratase de una imitación se traslada a más zonas del Estado dando como resultado un clima de política interior insostenible.
Parece que únicamente sirve decir SI a que España desaparezca de una vez y por todas del mapa sociopolítico mundial y dé como resultado a una serie de naciones-estado que poco pueden tener de común entre sí. Pero éste clima parece que tiene unos antecedentes cercanos de una política interior no exenta de hipocresía social:
- El actual ejecutivo socialista no es el único responsable por su pasividad, tiene antecedentes en su predecesor de carácter de centro derecha la cual no titubeó en aprobar una durísima normativa de inmersión lingüística excluyente del castellano.
- La Constitución redactada en una coyuntura histórica post-dictatorial tenía una vocación de pacificar las voces clamando ser víctimas de éste régimen. Una Constitución inacabada, de carácter pragmático, que era capaz de reconocer “nacionalidad y diferencias culturales” en lo que durante mucho tiempo fue únicamente una sóla nación, libre con una lengua común…
- Vienen las policías autonómicas que más que colaborar en el conjunto de cuerpos policiales dan prioridad a su margen territorial circunscribiéndose a éste y dando un controvertido trato secundario a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tradicionales como son la Policía Nacional y la Guardia Civil. Se pasó de “concesiones” por “derechos históricos” pretendiendo vender a la población una imagen de “normalidad” y en realidad se fué pasando conjuntamente con las corporaciones autonómicas de televisión e incluso con el autogobierno de las autonomías a un Estado tan descentralizado que incluso se plantean nuevos problemas marcados en la convivencia lingüistica y en ocasiones a derechos y deberes cívicos. Es llamativo cómo la lengua que fué denominador común en todo un Estado llega a ser perseguido en algunos lugares del territorio donde hay presencia de bilingüismo –todo- con el mismo clima de victimismo postdictatorial del espíritu preconstitucional.
- Frente a éstos continuos asaltos a derechos de quienes un día defendían la España unida, el resto del Estado parece no ver nada, es más, ni colabora en acudir en apoyo de éstos, ¡agudizando más los agravios comparativos!.
- Es fácil observar como antiguos patriotas españoles por una supervivencia en éstos territorios donde el nacionalismo local cobra una especial fuerza pasar de indignación ante los hechos a la imposibilidad de sentir compasión por un país agónico y decadente que clama por su suicidio.
- El idioma común está prácticamente muertos en algunas zonas de Cataluña ya que incluso para fregar suelos se exige catalán. No es, como en la España preconstitucional y con la recién inaugurada Constitución del año 1978 un derecho el poder hablar una lengua “minorizada” por las imposiciones lingüisticas del castellano sobre las demás lenguas en el Estado sino una cuestión incluso de “recuperar terreno” a costa de lo que sea; incluso, de obligarla a toda la ciudadanía obligando a la población en general e incluso imponiendo multas entre otros atropellos por el uso del español.
- Parece que la solución esté en que España DESPIERTE de su letargo, pero ¿cómo va a despertar si hay tantísima pasividad entre las comunidades que actualmente la integran y el continuo clima de insolidaridad y crispación existente entre ellas?.
- Entre la población clama con más fuerza quienes son contrarios a intentar curar lo que está maduro para morir. El cáncer del secesionismo lleva incubándose demasiado tiempo y ahora está desatado; es un proceso natural y saludable que un Estado decadente y basuriento como España termine en la descomposición más humillante. Entre los mismos altos cargos del Gobierno central dan una imagen de que no es lícito ni estético pretender salvar algo putrefacto. De ahí los curiosos pactos que por una parte pretende “salvar” la unidad española pero se sigue dando tantas concesiones a los partidarios de secesionismo que cada vez que adquieren más voz y más concesiones más ambicionan…
- Si a todo esto fuera poco resulta curioso observar la lucha de los secesionistas por el fomento de la inmigración musulmana antes que la sudamericana por puro racismo lingüístico hacia la lengua española. Esta curiosa forma de hacer política en pro de lo que por un tiempo fueron victimas de la dictadura impenitente de un régimen que sólo cabía el nacionalcatolicismo va dando un giro que puede jugar en contra suyo y cuando ya que la sociedad llegando a la ruina y división podría estallar en conflictos étnicos, paro desbocado, ostracismo merecido quizá es cuando España despierte y podría ser el momento de barrer sus ruinas y edificar algo nuevo.
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