Un sentimiento con fecha de caducidad
Reconozco que el nacionalismo español ha tocado techo; y no sólo que en
su propio territorio ya son varios millones de “españoles de carné de identidad” que harían lo que estuvieran de sus manos para dejar de serlo. Español ya no es toros y flamenco, un equipo nacional de fútbol que cada integrante del mismo juega en el campo como si le fuera la vida en ello, tampoco es una unidad indisoluble… es, como los matrimonios que “por incompatibilidad de caracteres”, y, –nunca mejor dicho- no pueden estar juntos porque de seguir estándolo se harán mucho daño.
Con una televisión pública que más que informar pone su programación en base a ratios de popularidad y con una conducta claramente adoctrinadora y populista, una monarquía decadente e incompetente incapaz de llevar a “Estado soberano” a lo más alto de sí pero, en cambio, viviendo de las arcas estatales sin concurrir en un ejercicio de coherencia donde –por consulta- y sin estadísticas matemáticas sino al auténtico sentir del que tenga carné de identidad español si la monarquía debe seguir o por contra es un capítulo más de la historia española con fecha de caducidad. Ni qué decir cuántos atropellos hechos en nombre de España hacia los mismos españoles, desde una guerra civil que se saldó tantos seres inocentes, a guerras sucias en nombre de la paz social como los G.A.L. contra E.T.A. pero al más estilo del sicario contratado para asesinar… siendo esto mismo un balón de oxígeno para quienes con tesis acertadas o no avanzan cada vez más en pro de la sarta de altos cargos que con su quehacer ponen fecha de irresoluta caducidad a España y quizá hasta “las Españas”. El fin de España, guste o no guste, pero es real:
- La crisis que no acaba, menos para la mayoría pero sin tocar a quienes más tienen. Resultado: apelando al afán de supervivencia humano, la mayoría social española busca y crea nuevos valores, en esto viene incluido que hay una masa social con una fuerte frustración que alimenta el racismo ¡y el secesionismo!
- La moda creciente de los estatutos de autonomía agresivos que, además de dañar la unidad nacional crea sentimientos consolidados de racismo interterritorial. ¿Suena fuerte?;zonas ricas que nunca están satisfechas con lo que tienen sino que aspiran más a más incluso en detrimento de quienes tienen mucho menos, mantener una unidad a base del dinero
de todos pero beneficiando no a los más necesitados sino a los que más proclamas secesionistas hacen… una estafa de guante blanco para demostrar al mundo que “todo va bien” procurando vender una democracia que en realidad no existe porque ni existe cohesión estatal y, lo que es peor, que quienes no desean seguir junto con el resto de los españoles se hacen más fuertes gracias a éstos sin ceder un sólo ápice en sus proclamas antiespañolistas. - Pasividad en la misma cuna de la lengua española, donde para no pocas personas es un reto diario ser español en su propio país, donde ni puede hablar con normalidad su lengua –a menos que deba soportar agresiones o acoso-es, simplemente inaudito no poder proclamarse español ni vivir como español en todos los rincones de España. Curiosamente, es algo que no le ocurre a residentes alemanes, ingleses y hasta marroquíes. Una permisividad incluso con grupos religiosos radicales amparados en la Constitución y libertades españoles, –cuestión- imposiblemente viable en otros países del entorno.
Decididamente España, dejó siglos atrás su papel relevante universal para ser vapuleado por sus vecinos, donde ni sabe hacerse respetar ni darse a valer –¿motivos?- si evaluamos con sinceridad ¡porque los españoles no se quieren ni a ellos mismos!… quizá, aprendiendo a convivir y aunar fuerzas pueda rescatar su papel de referente histórico universal y de portavoz en cualquier conflicto internacional ya que de lo contrario, la misma pasividad demuestra ser un equívoco, una España con fecha de caducidad impuesta por ella misma.













